Después de toda una noche repleta de vino y de buena música, despierto, y otra vez más, te pierdo en aquel ya, agoviante sueño.
Te busco y te encuentro, te encuentro y te pierdo. Pero... ¿esto qué es? ¡Ni que estuviesemos jugando con los pocos sentimientos que nos quedan! Que ni tu eres Neruda, ni yo su musa, que aunque parezca extraño, complicado y genial a la vez todo es siempre sueño.
¿Qué vivo de ello? No es nada nuevo. ¿Qué eres un sueño? Pues, quizás lo seas. ¿Qué todo lo que a ti se refiere son fantasías inventadas en cualquier noche de verano? ¿Y por qué no iban a serlo? Todo lo relaccionado con tu esencia es efímero y real a la vez, ¿por qué no ibas a ser de ensueño entonces?
Y creéme que lo haría, que cogería ese maldito teléfono ya oxidado por las lágrimas que caen cada vez que se descuelga, y marcaría tu número para escucharte aunque fuera solo respirar. Que no necesito más, que un solo suspiro me llena más que cualquier beso mal dado.
Y lo peor es que no te enteras, o no te quieres enterar. Que te quiero y quiero que quieras creer que no miento, que tu y yo eramos frenesí, algo bonito y especial. Que no nos separaba ni la noche, ni el día, ni el agua, ni el aire...
Cree que quiero que vuelvas a por mí, una vez más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario